El factor Figueroa: Huele a peligro

Qué tontas somos a veces las mujeres

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Estás viendo que el maldito gordo tiene cara de retorcido y cuando te propone ir a su habitación, vas. Luego -de repente- hay alguien desnudo y ya que quieres escapar no puedes porque tienes encima a un señor caliente de 102 kilos y no hay manera. Ni para atrás ni para adelante.

Eso pensaba mientras leía el caso de Uma Thurman con Harvey Weinstein. Me quedé preocupada porque creo que somos expertas en meternos solitas entre las patas de los caballos. ¡Somos unas salvajes! Olemos el peligro y allá vamos, juramos que podemos controlar la situación -ponerla a nuestro favor, jajaja- y ¡madres! O lo que es peor, andas por la vida con las antenitas de vinil desconectadas, no te enteras de nada (o sea, vives en la baba) y por inocente terminas en el mismo lugar: el cuarto del gordo infernal.

Por supuesto, sería precioso estar rodeadas de seres perfectos y respetuosos ¡pero no! Así que tenemos que poner de nuestra parte y no darle cuerda a los anormales. Dicho en cristiano, evitar el “se salió de control la reunión en su habitación de París o cuando entré a su suite en Londres”.

Un hombre y una mujer (no cuates) en un cuarto de hotel…¡peligro, peligro!

 

Cita con tu jefe solitos en una suite de hotel…¡peligro, peligro!

 

Casting y/o cita pa pedir chamba con una cama al lado…¡peligro, peligro!

Ahora que vivimos en la selva lo ideal sería que te devorara de un bocado un león -directamente-, sin sufrir. Pero no, tenemos que sobrevivir entre acosadores y violadores de cuello blanco. Ya saben, esos que parecen amigables -ponle personas decentes-, compañeros de trabajo, jefes, conocidos del medio y resultan ser unos delincuentazos.

Se que alguno estará pensando que es muy fácil criticar a la guapa y elegante Uma desde afuera, pero se los digo con toda la ‘expertise’ del mundo: las veces que quise ser ‘la lista de la alcoba’ salí raspada. Toda raspada. Muy.

Pero bueno, ya aprendí. Hubieran visto el operativo que monté hace unos años cuando mi ex jefe de radio, cuyo nombre no diré -básicamente, porque no me acuerdo- me citó en su casa un viernes en la tarde para hablar de ‘nuestros problemas’. Esos problemas eran que me iba a correr. Yo digo que con lo fácil y bonito que es decirte ahí, en plena cabina de radio, estás despedida. Pero no. Él quería hacer el momento especial, supongo.

Confieso que acepté la invitación, pero con refuerzos -llámale un par de amigas solidarias- que se quedaron estacionados afuera esperando cualquier señal de auxilio, monitoreo telefónico de mi mejor amigo y un correo electrónico con copia a toda la estación para que supieran del encuentro. Nomás me faltó escribir una carta dirigida a la policía para culpar a mi ex jefe en caso de acoso, violación y/o ultraje.

Ya sé, lo del correo comunitario fue tremendo. Pero hay casos en los que el chisme es muy útil y si las acosadas por Harvey se lo hubieran contado entre ellas a tiempo, alguna se hubiera salvado. Unas por recato, otras por miedo y alguna por vil mala onda, pero nadie alertó a nadie. Ay, muchachas.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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