El factor Figueroa: El balcón

Oigan, queridos lectores, sé que ya tocamos ese tema pero… ¿soy la única que odia a Luisito Rey?

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Por favor no se rían pero, es ver la serie y quererlo matar. Por fortuna, luego me acuerdo que ya se fue y me pongo feliz.  En el capítulo de esta semana, Micky y Luisito Rey se pelean para siempre. Pero no crean que se enojaron en cualquier lugar, sino en una suite fantástica de un hotel en Madrid.

Y mientras ellos gritaban en la ficción, yo recordaba que en la realidad, la primera vez que me hospedé ahí -en ese hotelazo- fue gracias a una invitación de Luis Miguel, cuando una noche de alojamiento costaba alrededor de 30 mil pesetas. Es que, no es por nada pero, la vida se ve mejor desde ésas sábanas de miles de hilos egipcios y el baño de mármol impecable. Era para celebrar el lanzamiento del disco Amarte es un placer.

Luis Miguel, ocupaba la mejor suite del Palace -la del gran balcón- desde la que tuvo que salir corriendo cuando pasó lo que pasó: estuvimos a punto de morir todos.

Un buen día estaba encantada desayunando en el lobby, que es precioso, pero no pude terminar de untarle mantequilla al croissant porque en los altavoces gritaban “¡Alerta! Deben abandonar el inmueble. ¡No cojan el ascensor!”.

Así que, con toda la elegancia, agarré el ‘cuernito (¡no lo iba a dejar!) y salí despavorida a la calle. Afuera, justo la esquina del Paseo del Prado con la Carrera de San Jerónimo, encontré a los evacuados, entre los que había periodistas mexicanos, amigos del cantante, huéspedes japoneses y ejecutivos de la disquera Warner. Unos gritaban que era un simulacro, otros que había un incendio y los más atinados, que el hotel iba a explotar. ¡¿Qué?!

Resulta que a las once menos veinte (las 10.40 pues) una recepcionista recibió una llamada/amenaza de bomba dirigida a alguno de los 3 personajes famosos que dormían ahí, Joan Manuel Serrat, Jordi Pujol o Luis Miguel. Si me preguntan para quién era, yo hubiera dicho que para don Jordi, que en ésa época era un político súper odiado o tal vez para Serrat, porque hay personas que odian sus canciones y nunca se sabe hasta donde puede llegar un fan mal encauzado. Ya sé lo están pensando, pero ya había muerto Luisito Rey, por eso no sospeché de él.

Mientras esperábamos la detonación -en la banqueta de enfrente con los oídos tapados- yo pensaba ¿dónde estará Luis Miguel? ¿Le avisaron o seguirá dormido?

Aunque corrió la versión de que Micky fue sacado el helicóptero desde su balcón, por las fuerzas aéreas españolas (jajaja), lo cierto es que sus guardaespaldas lo rescataron por la puerta de atrás y lo llevaron a una cafetería cercana.

Al día siguiente salimos en los periódicos del mundo. Por ejemplo, el diario El País publicó “Obsesión por Luis Miguel. El cantante mexicano levanta pasiones explosivas que a veces pueden resultar alarmantes. Una llamada anónima alertó ayer de una supuesta bomba donde se aloja el divo”. Aunque me gustó mas la nota del Diario 16 que ponía “lo predominante en el ‘hall’ eran mexicanos venidos, única y exclusivamente, para le concierto del ‘sex symbol’ de las quinceañeras, que estaba todavía descansando para las tres ajetreadas noches que le esperan”.

Por fortuna, no explotó nada, pero la plaza de toros de Las Ventas casi se viene abajo con los conciertos de Luis Miguel. Me acuerdo perfecto.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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