El factor Figueroa: el aeropuerto

Suena el teléfono en casa y una señorita o ponle un robot -o vete a saber quién- me pregunta dónde quiero poner el nuevo aeropuerto de la CDMX: “para Texcoco presione 1, para  Santa Lucía, presione 2”.

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Debo confesar que como soy muy mala resolviendo conflictos, apreté todas las teclas a lo loco y colgué, como si hubiera escuchado la voz de satanás. Según las noticias, la consulta ciudadana para definir el futuro del NAIM será el 28 de octubre, así que supongo que la llamada era parte de una ‘pre-consulta’ antes de la gran cagada.

Me preguntan ¿¿¿a mí??? No voy a negar que soy una mujer lista, con chispa y ocurrente, pero de eso a saber de la aviación, su funcionamiento y sus misterios, hay un trecho. Por ejemplo, a mí me cambias de sala de abordaje y me confundo (por no decir que entro en pánico), o me preguntan qué quiero ‘¿chicken or pasta?’ y tardo 8 minutos en decidir. Soy esa pasajera que quiere ver tranquilamente una película durante el vuelo y termina pateando el asiento delantero porque el ‘sistema de entretenimiento’ la ataranta (aprietas idioma y se pone en chino, le das a película y sale una serie). Eso por hablar de las pequeñas problemáticas de viaje. Ahora quieren que yo diga ¿donde será mejor despegar y aterrizar? Pues donde no nos vayamos a partir la madre. Se me ocurre. Ya lo demás es lo de menos.

Y si de paso podemos proteger las pirámides de Teotihuacán, mejor. Oye, tantos años cuidándolas contra viento y marea (y aprovechándonos de los turistas) para que ahora las destruyan por las obras aeroportuarias. Un respeto a nuestros ancestros por favor, qué pena con Quetzalcóatl.

La única experiencia cercana que tengo relacionada con el tema -aviones y Texcoco- es que una vez, casi caemos justo ahí. Veníamos de Oaxaca un plácido domingo (con minúsculas), en un vuelo medianamente tranquilo, cuando de repente una ráfaga, turbulencia, bolsa, viento huracanado o una depresión tropical de ésas, hizo que el avión se fuera de lado y perdiera altura justo ahí, sobre el bonito lago (seco) de Texcoco. Ni cómo practicar un acuatizaje tú.

Juré que nos matábamos y como no quiero morir sola, por instinto le agarré la mano al compañero de asiento -por no decir que casi le arranco los dedos del apretón- que era un paisano que venía de visitar a sus parientes. Y así, del brazo y en silencio, esperamos nuestro fatal desenlace que por suerte no llegó. A la mera hora, el piloto se puso listo y nos salvó. Bueno, no sé si fue el piloto ‘real’ o el ‘automático. Ya ven que últimamente la inteligencia artificial nos rebasa.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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