El factor Figueroa: Desnuda

La otra noche estaba desnuda, como Dios me trajo al mundo, sin nada.

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No crean que es una columna pornográfica, solo quiero retratar una situación. Desnuda, acalorada, sudando y justo cuando iba a meterme al chorro de agua para aplacar los sentidos…¡4 cucarachas gigantes aparecieron en la regadera! Fin del relato erótico.

 

¿Por qué hay insectos enormes en mi casa? ¿Llegó el Apocalipsis? Debo aclarar que no vivo en el trópico ni en el bosque, sino en una bonita colonia de la Ciudad de México, habitada en un alto porcentaje por la comunidad judía, de la que ya me siento parte de lo bien que nos llevamos (es más, cualquier día me llamaré Esther). Bueno, mis vecinos de abajo no son judíos. Parecen franceses a primera vista, pero no, son alemanes. Ellos fueron los primeros en toparse con el ejército de cucarachas y contrataron a un fumigador súper ecológico para que rociara con alguna solución orgánica -que no contaminara el planeta, ni dañara a los seres vivos, ni afectara a la capa de ozono- a los bichos. Pero claro, la fumigada era tan exquisita e inofensiva que no sirvió.

 

Yo tuve que usar lo que se conoce como ‘fuerza bruta’ y las liquidé a chanclazos, que requiere una sangre fría especial porque si te pones a pensar -como la ayudante de mi casa- que tienen familia, que son seres vivos, etc.- se te escapan. Las cucarachas pueden estar sin comer varias semanas, sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios y a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, pero no pudieron ante mi furia desnuda y mi reacción salvaje. No me odien, defensores de animales, pero pensé que se me iban a subir o a meter por los huecos.

 

Después de los dos episodios, vino otro fumigador más terrenal y acabó con el problema temporalmente. Según mis observaciones, las ‘cucas’ entraron volando por la ventana del baño porque, aparte de todo, vuelan las canijas. Por fortuna no estoy sola en las labores de exterminio, me ayuda la perra que es salvaje y hambrienta como yo. Ella, como si supiera que son una gran fuente de proteína, se las come directamente (aunque las escupe en cuanto le caminan 3 pasos adentro).

 

Al parecer los insectos también se alborotan con el calor, como nosotros y es cuando atacan. No sé ustedes lectores queridos, pero yo me alebresto con las altas temperaturas y me pongo como loca, sobre todo en la noche: prendo la tele, apago la tele, cambio de pijama, tomo agua, abro la ventana, cierro la ventana, levanto un poco la cortina, bajo un poco la cortina, me quito los calcetines, me pongo los calcetines, checo si mi hijo está respirando o ya se le cocinaron los órganos.

 

Tal vez lo más fácil sería dejar las ventanas abiertas en la noche para que circule el aire y todos felices. Pero como va la inseguridad en ésta ciudad huérfana de padre y madre (¡nos abandonaste Mancera! se siente horrible que te vayas así como así y claro, los maleantes desatados sabiendo que estamos más solos que nunca), los ladrones pueden treparse con poleas y cuerdas -tipo Tom Cruise en Misión Imposible- meterse a la casa, llevarse lo que encuentren y escapar por aire o por tierra. Como las cucarachas.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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