El Factor Figueroa: Cuidado ¡acosadores sueltos!

Tengo un psicópata. O sea, que me persigue.

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No vayan a creer que trabaja para mí o algo. Yo sé que a veces puedo parecer una mujer desalmada, pero de eso a tener a un enfermo a mi servicio, no.

Bueno, el caso es que llevo casi 6 años con un psicópata cibernético que me acosa por correo electrónico todas las mañanas, algunas tardes y una que otra noche. No crean que lo estoy presumiendo ni que me parece divertido (bueno, tantito), se los cuento -queridos lectores- para desahogarme porque dicen los expertos que si no sacas lo que traes dentro, se convierte en enfermedades mortales.

Como les iba diciendo, no puedo afirmar si el acosador padece una enfermedad mental o, simplemente, es un calenturiento común y corriente que quiere poseerme. Lo que sí les puedo asegurar es que es un tipo muy constante, disciplinado y comprometido. Nunca falla y cuando se desaparece algunos días, me avisa con tiempo.

Me gustaría reproducir aquí alguno de sus mensajes -ponle ‘poemas eróticos’- pero no estoy segura de que estén preparados para leer algo así. No me atrevo por dos razones, la primera que son sucios (muuuy) y luego, porque ¡no me vayan a demandar por plagio o derechos de autor! (ya ven que la mayoría de los psicópatas son listos).

Por supuesto que mi primera reacción, fue denunciarlo con las autoridades correspondientes pero luego desistí. No sé, pensé que si a Duarte solo le dieron 3 años pues a ‘mi criminal’ no le van a hacer ni cosquillas. De cualquier manera, gracias a mi amigo de la Policía Internauta ya tengo todos sus datos por si se ofrece. Digo, a lo mejor necesito localizarlo para que me ayude a escribir un libro tipo “Sombras de Grey” (más retorcidas), con esa imaginación tan ardiente que tiene, y me convierto en millonaria autora ‘best-seller’.

Hablando en serio -aunque lo de hacerme rica sí me gustaría- algo tengo que los hombres con daños psicológicos, de diferentes niveles, se emocionan.

Debo confesar que no es el primer acosador en mi camino. Hace algunos meses tenía otro ‘real’ -no digital- y rondaba casi todas las noches mi calle desnudo a bordo de su coche. Hasta que un día agarró valor y se bajó a mostrar lo que traía. Por fortuna, mi vecina le gritó de todo y salió despavorido.

Se los cuento porque este fin de semana, el domingo en la mañana, me topé con otro loco exhibicionista, desnudo de la cintura para abajo, estacionado frente a mi cafetería favorita. ¿Es neta? parece que el ‘back to basics’ alcanzó hasta a los acosadores callejeros.

Por eso, quiero alertar a la comunidad. Que sepan que en la Miguel Hidalgo los nudistas hacen su nido. ¡Tengan cuidado!

Mientras tanto, buscaré a Sergio Mayer para que ayude a resolver al misterio de los automovilistas encuerados. No sé, siento que el problema tiene un trasfondo cultural.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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