El Factor Figueroa: Casillas inflables

Ahora sí me gustó el debate

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Mi mejor amigo está desempleado y pasa todo el día inventando qué hacer. Esta vez, se le ocurrió organizar un ‘pre copeo-cena-lounge’ para ver juntos el debate y el resultado fue muy positivo: no escuchamos bien las propuestas pero nos divertimos mucho.

Sobre todo, ya sabemos quién va a votar por quién. En el grupo había de todo: un español jubilado, una presentadora de televisión, una locutora súper popular, un empresario mega millonario, un torero, un hacker, una experta en outsourcing (solo Dios sabe lo que significa) y yo, su columnista. Aunque, estaba pensando en hacerme unas tarjetas de presentación que digan ‘Periodista cercana medianamente a Luis Miguel’, porque ahora que se ha vuelto a poner de moda en el mundo (como los gobiernos de derecha), te coloca en escalón aparte.

Para evitar linchamientos no revelaré la identidad de mis amigos -4 mujeres, 5 hombres- pero 7 de nueve apoyarán a la izquierda que, por cierto, ya no se siente tan ‘izquierdosa’. ¿Dónde quedó la bonita izquierda clásica, la de toda la vida?

Yo, entre risas, reflexionaba sobre el entrenamiento de los candidatos para el debate. Me los imaginaba ensayando horas frente al espejo, repitiendo lo que les dijeron que dijeran sus jefes, o sea, los cabecillas de su partido. Que no crean, me da tristeza que los personajes que -verdaderamente- mueven los hilos inviertan horas y horas fraguando el plan perfecto (escondidos en un búnker ultra secreto rodeado de seguridad y aparatos bloqueadores de señal para que ninguno de los presentes raje desde el celular) y a la mera hora, el candidato sale, la riega y todo se viene abajo. Puro tiempo perdido.

Y mientras los candidatos sufren, los electores gozamos. Lo bonito de ver el debate en bola, es la variedad de ocurrencias. Por ejemplo, en el pico de aburrimiento, alguien propuso “miren, cierren los ojos, la moderadora tiene voz de señor”. Y ahí nos tienes a todos felices con el ejercicio sensorial (jajajaja) y si es cierto, ¡habla como cabrón!

 

Bueno y ahora que casi todos sabemos por quien votar, viene la parte difícil: ir a votar. Muchos me han dicho que les encantaría votar, pero no pueden porque se van de vacaciones. Ya sé, ya sé…deberían quedarse, cumplir con su deber ciudadano y, luego, irse a donde quieran. Pero como la vida no funciona así y somos una bola de irresponsables, para conseguir más participación se me ocurre que deberían poner ‘urnas alternativas’ y así nadie tiene excusa. Por ejemplo, colocar urnas inflables en la playa con un letrero de ‘vota y te regalamos una cerveza’. Poner casillas en la carretera con modelos en tanga bailando reggaeton, o en las gasolineras y que te regalen ‘un aditivo gratis, por cada voto’. También adentro de los antros con la leyenda ‘sin voto, no hay shot’ y en todos los aeropuertos ‘por cada voto, vuela un niño gratis a cualquier destino nacional, no aplican restricciones’.

Sé que me van a decir que el Instituto Nacional Electoral ha trabajado mucho para poner orden, pero a veces les faltan ideas más realistas. Siento.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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