El factor Figueroa: Amor y desamor

Fui al concierto de Lupita D’Alessio

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Dicho así, puede sonar simple y nada emocionante. Pero les juro que fue una gran experiencia, por algunas razones importantes. La primera, que fue un concierto hecho con el sudor de la cantante y la segunda, que refrendé que soy una mujer amada y muy enamorada porque ¡no lloré con ninguna canción! Todas se me resbalaban.

Por ejemplo, cuando Lupita -que sudaba y sudaba bajo el coordinado de lentejuela- decía “ese hombre que tú ves ahí… es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso…” no me sentía aludida como las 8 mil señoras que cantaban a todo pulmón, algunas cantaban y lloraban en plan ‘mujer multitasking cero empoderada’.

Llegué a la conclusión que tienes que estar herida o mal amada para disfrutar mejor de la letras de la D’Alessio. Y luego me tocó sentarme en un balcón (ándale como los viejitos de los Muppets) y, según el boleto, mi asiento era de ‘vista parcial’. Así que, literal, solo pude ver parcialmente el espectáculo (es que el barandal es muy alto y tapa la mitad jajaja). Lo cual me pareció un gran acierto de parte de Ticketmaster porque -viéndolo por el lado amable- te avisan a tiempo que solo verás el concierto a medias y entonces tú decides si lo quieres medio ver o no. Tú decides.

Fueron más honestos y profesionales que los de Aeroméxico que me hicieron pagar extra por una ventana y cuando llegué a mi asiento con ventana…¡no había ventana! Había panel. Hagan de cuenta que empezaron a poner las ventanas y luego fueron perdiendo la cuenta de los centímetros y se fue aflojando la continuidad y la ventana quedó puesta por allá. Debo confesar que hice un poco de escándalo a bordo para exigir mis derechos, pero no me hicieron ni caso. Es que ¿les conté que me he vuelto -últimamente- claustrofóbica? No sé si son mañas de mujer en climaterio o secuelas de trauma post-sismo, pero ya no puedo con los espacios cerrados. Tengo que ver una ventana o puerta a la mano o me entra la crisis.

Pero volviendo al concierto de Lupita, no me sentí identificada pero me divertí como loca en el Auditorio Nacional observando a las fans y seguidoras de la ‘leona dormida’ que han adoptado hasta su look. Con eso de que todas las señoras llevaban el pelo muy corto, como Lupita, y andaban en actitud ruda, como Lupita, aquello parecía una convención de mujeres policía. Todas cantando a coro “que ganas de no verte nunca más, que ganas de no verte nunca más, que ganas de cerrar este capítulo en mi vida donde fuiste una mentira y nada más…”. Aunque el momento estelar de la noche llegó cuando las 10 mil mujeres juntas, en un solo corazón, en una sola voz, unidas por la súper cantante -acaloradísima- recitamos: “porque soy mujer como cualquiera, con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, suave como gaviota pero felina como una leona…”

Nunca un discurso ha puesto en evidencia a tantas mujeres. Todas estamos un poco locas.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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