El Factor Figueroa: Timboctú

Seis mudanzas en nueve años, pero esta vez todo es diferente.

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Hice cuentas y, a lo tonto a lo tonto, me he cambiado 6 veces de casa en 9 años. Sí, las personas tenemos diferentes maneras de sortear la vida y yo encuentro en las mudanzas una especie de desintoxicación. Lo que ahora se llama “detox”.

Ya saben que me encanta todo lo oriental, desde la filosofía hasta la comida, pasando por los ojos rasgados. Bueno, pues un día un señor chino me dijo que moverte de un lugar a otro -ponle ciudad, país o casa aunque sea en la misma colonia- es buenísimo para purificar la vida, darle una vuelta a ‘nuestro pequeño universo y lograr un cúmulo de alegrías en el espacio doméstico’. Eso dijo, claro en mandarín. Así que tal vez no entendí cada palabra, pero capté la idea. El caso es que…¡me cambié de casa! Otra vez.

Viéndolo por el lado amable, es un gran ejercicio de adaptación y aparte es muy divertido descubrir que de una delegación a otra, las reglas cambian. Experimentas cosas tan raras que haz de cuenta que te fuiste a vivir a Timboctú, pero sin camellos.

Debo confesar que, además de regenerar el entorno, salí corriendo como rata en incendio de mi bonito departamento en la colonia Condesa después de los sismos. Díganme cobarde pero ya no fui capaz de vivir en el octavo piso ni de dormir tranquila con mil grietas alrededor. Aunque los expertos decían que los daños eran superficiales no estructurales, preferí escapar hacía un despertar más bajo. Encontré un lugar casi perfecto en el tercer piso, en una colonia cercana donde conviven moros, cristianos, judíos y chilangos guadalupanos (seguidores de San Charbel) en franca armonía.

Antes del sismo, me emocionaba con detalles como la entrada de la luz, el tamaño de la cocina, la vibra de los baños (por favor no se rían, pero si siento ‘ñañaras en el baño, huyo), la vista y los vecinos. Y en esa lotería vecinal terminé viviendo junto a los Peña Nieto-Rivera, de Christian Castro, de un chamán, de un actor de series de narcos y de unas prostitutas italianas.

Ahora no tengo ni idea quien habita cerca de mí -solo he visto a un alemán más emotivo que el resto de sus paisanos y una viejita muy simpática que se parece a ‘Rose’ la del Titanic- pero pregúntenme cuántos escalones tengo que bajar hasta llegar a la banqueta. En total 34 y tardo 12 segundos en recorrerlos. uy, ya lo cronometré y todo. También chequé perfecto no colindar con edificios que pudieran colapsar y encontré una ruta de evacuación alterna desde la azotea.

Seguramente algún lector estará pensando que soy una exagerada y ¿saben qué? ¡Es verdad! Pero después del 19 de septiembre me prometí ser más cuidadosa en materia de protección civil personal. Perdón, pero soy una de esas chilangas con el alma descolocada luego del temblor y estoy haciendo todo lo que está al alcance para recobrar paz y cordura. Ya tengo lista la maleta de emergencia y también estoy aplicando la técnica japonesa de ‘la magia del orden’ (esa de tirar todos los triques que no usas y ser lo más minimalista posible) para organizar el nuevo hogar. Ya si con todo lo anterior, me cae una bomba encima o cualquier otra desgracia del cielo, ya estará de Dios. Pero por mí no quedará, como dicen nuestras madres.

Soy como Brad Pitt cuando se separó de Angelina y cambió de casa: estoy viviendo una época de retos (jajajajaja).

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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