El Factor Figueroa: Miedo

Esperemos que no solo haya quedado miedo después del terremoto y, como Martha Figueroa, esperamos también que hayas hecho nuevas amistades.

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Yo, Martha Figueroa, soy miedosa. Muy miedosa. Y no he podido dormir desde el temblor -ponle terremoto- de la semana pasada. ¿Hay algún psicólogo entre los lectores que quiera ayudar?

He estado a punto de recurrir a mi colorida variedad de drogas para dormir, pero tengo miedo de no escuchar la alerta sísmica y morir dormida. O sea, estoy en la encrucijada: morir dormida o morir de miedo despierta.

Tal vez les suene exagerado, pero soy la que no pega el ojo porque piensa que en cualquier minuto sonará la alarma y tendremos que bajar 8 pisos en 40 segundos. La que ahora se baña en tiempo récord, sin encender la radio (para escuchar la alerta) rezando y repitiendo un mantra. Como verán soy la mujer multitasking de siempre, pero aterrada.

Durante 50 años y medio no me dieron miedo los temblores, porque mi papá era ingeniero civil y nos enseñó a aguantarlos con naturalidad. Por ejemplo, cuando tenía 5 años y vivíamos en Mexicali, los papás llegaban histéricos a sacar a sus hijos de la escuela porque decían que se iba a desprender la península de Baja California por la falla de San Andrés. Todos corrían menos nosotros.

Pero algo pasó ahora que estoy atacada y los odio. Y miren que pertenezco a “la generación del temblor” de la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Con eso de que entramos a la carrera en septiembre del 85 y algún listo nos bautizó así (si me preguntan lo que más recuerdo de esos días, son los sandwiches de milanesa increíbles de la cafetería. No el sismo).

A lo que iba, es que necesito terapia porque no logro reponerme. Supongo que es como los vuelos, te toca uno malo y no quieres volver a viajar jamás (no se rían, es soy muy categórica a veces). Sé que debo relajarme y que el destino está escrito, pero no quiero morir por un error de construcción o una falla arquitectónica. Entonces, cada vez que suena “maw maw maw, alerta sísmica…” salgo disparada.

Pero como en toda tragedia hay algo bueno, tengo una nueva amiga, a la que llamo “mi amiga de temblor”. Últimamente salgo poco y con los mismos, así que los nuevos cariños llegan a mi vida de manera extraña.

Nos conocimos cuando sonó por error la alerta, dos días antes del grande. Cuando Alex y yo llegamos a la banqueta, vimos a una chavita sola -vecina temporal- así que la agarré de la mano y nos quedamos juntos esperando la sacudida. No hubo temblor, así que nos presentamos y platicamos un poco. Yo la conocía porque es una actriz buenísima, “la nueva joya del cine mexicano” dice en Google (no me juzguen por googlear a mi compañera de fin del mundo). La solidaridad es preciosa.

La noche del temblor verdadero, nos encontramos en el mismo lugar, solitas. Así que sin decir nada, otra vez nos agarramos de la mano y corrimos al parque. Y justo cuando pensé que estábamos a salvo, Arantza -así se llama- me salvó de un ramazo. Después nos separamos porque ella corrió a buscar a su hermano y yo a mi hijo. No la he vuelto a ver, pero me encanta en La querida del Centauro, donde huyó de todos los narcos.

Que alegría que también nos salvamos de ésta.

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Martha Figueroa es periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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