El Factor Figueroa: La confesión

Selena era como "la Jenni Rivera" de nuestros tiempos en cuestión de popularidad y shock por la trágica muerte.

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En mis próximas vacaciones iré a Gatesville.

Sinceramente se me antoja más conocer Tailandia pero, moralmente, mi sitio está en Texas. Tengo que visitar a Yolanda Saldívar: sí, la mujer que asesinó a Selena. Es que se nos quedó una cita pendiente.

Estaba leyendo que ya confesó por qué la mató. Según los diarios, en entrevista con Univision, dijo que “quería simular un asalto para no pagar los 200 mil dólares que le había robado”. Oh, que motivo tan barato.

No quiero que me llamen de testigo pero ¡yo ya sabía! Durante muchos meses seguí de cerca el caso y Abraham Quintanilla –padre de la cantante- lo dijo mil veces. Es lo que pasa, que a veces no ponen atención y ahí nos tienen 22 después con la preocupación.

Para los lectores jóvenes, Selena era como “la Jenni Rivera” de nuestros tiempos en cuestión de popularidad y shock por la trágica muerte.

Pati Chapoy y yo fuimos a Texas para entrevistar a Yolanda. Volamos a San Antonio y nos fuimos por carretera hasta Gatesville, en la camioneta de su ‘Attorney at law’ (el abogado, pues) acompañadas por un personaje extraño amigo de Selena –un brasileño que era asistente del Dr. Martínez, el supuesto amante que tenía en Monterrey-. Todo eso.

La visita estaba pactadísima, pero cuando llegamos a la puerta de la prisión de máxima seguridad, nos informaron que no sería posible porque la señora Saldívar estaba indispuesta.

Claro, pensé, seguro tiene dolor de estómago por la comida carcelaria o una migraña causada por estrés de la cadena perpetua. Pero no, en realidad era que amarró una entrevista exclusiva con María Celeste Arrarás para el programa “Primer Impacto” y entonces ya no podía platicar con nosotras. Por eso digo que tengo que volver allá, para cerrar el círculo y/o portal cósmico.

No fue un viaje totalmente en vano. Por ejemplo, el viaje me sirvió para estrechar lazos con la familia de Yolanda, que estaban interesadísimos en que defendiéramos un poco a la presunta asesina.

Los Saldívar nos querían ofrecer un gran banquete para sellar nuestra nueva amistad, pero cuando supimos que el menú consistía en barbacoa de hoyo, no aceptamos. Pati, porque es vegetariana, budista y esas cosas y yo, porque me entró el miedo a ser envenenada. O todo lo contrario, que me gustara tanto la comida que me sintiera comprometida a decir que “Yolanda es inocente” y perdería toda la neutralidad periodística.

Semanas antes, me aventé el ‘tour Selena’ completito en Corpus Christi. ¿Han estado ahí? ¡Me encanta!

Por ejemplo, hay museos de todo. Como el ‘Texas Surf Museum’ que, como su nombre lo indica, tiene montones de tablas de surf. No te aporta gran cultura, pero es muy colorido.

Bueno, el caso es que ya pasaron 22 años de la muerte de Selena. ¿Qué rápido no? Pero es increíble cómo saltamos para bailar cada vez que escuchamos una canción suya. Amo “baila, baila esta cumbia, mueve mueve la cintura”, ahora que si me ponen “Bidi bidi bam bam” o “Carcacha”, igual me sangoloteo.

Yolanda Saldívar (que se parece mucho a una amiga mía) estudió Leyes Criminales y ahora se defiende sola porque su ex abogado la traicionó. Lo último que supe, es que quiere apelar para ver si la dejan salir dentro de 8 años, en el 2025.

En lo que llega la fecha, mejor cantemos “Como la flor (como la flor), tanto amor (tanto amor) me diste túuuu…”

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